¿Quién monta a ese mesteño?
Las emociones son esencialmente inconscientes y son algo así como la banda sonora de nuestra película vital, condicionan nuestro estado de ánimo, nuestra manera de estar presentes; y tienden a imponerse sobre la consciencia ( el diálogo de la película ) cuando hay incongruencias entre el guión y la música.
Conocerlas, identificarlas y gobernarlas son trabajos intrínsecos al hecho de estar vivo. Hacerlo con solvencia nos proporciona bienestar y nos asoma a la felicidad. Las emociones son perniciosas si son demasiado intensas o son incesantes, porque nos bloquean y nos anulan.
Para acceder a nuestras emociones y modularlas/controlarlas necesitamos acceder a nuestra inconsciencia. Un punto de intersección entre nuestra consciencia e inconsciencia, y de fácil acceso, es nuestra respiración.
No respirar intencionadamente ( unos segundos ) nos sitúa en modo peligro/supervivencia y puede desbloquearnos emocionalmente, momentáneamente.
Fijar nuestra atención en un único pensamiento y respirar conscientemente: inspiraciones y espiraciones atentas, profundas y lentas, durante varios minutos, puede colocarnos en un estado de consciencia en el que nos vemos, vemos el entorno y vemos a los demás, con mayor nitidez. En un estado que nos puede facilitar entender los conflictos que se fundamentan en mis actitudes y que puede ayudar en las soluciones que dependan de mi flexibilidad, mi sociabilidad y mi solidaridad.
Gobernar diligentemente las emociones suele suponer gran estudio, esfuerzo y dedicación. Tener un voluntarioso y cumplidor timonel emocional, no.
Que las emociones manden se suele ver como lo normal.
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Verdades como puños.
ResponderEliminarTuve la gran suerte de que compartieras tu sabiduría conmigo, lo mejor de todo es la aplico y aplicaré el resto de mi vida. Siempre recordaré con una sonrisa tus clases magistrales en el coche de camino a casa.
Muchas gracias amigo Pizarro.
Hola Gregorio
EliminarQué estupendo que te hayas pasado por aquí.
Apenas hay verdades como puños y en estos apuntes, más que verdades, hay ideas con cierto sentido común que precisan debate.
Suerte la mía por coincidir contigo, tu paciencia y tu amabilidad. También sonrío al recordar aquellas charlas que a veces eran lo mejor del día.
Gracias a ti, Gregorio, y no dudes que ambos aprendemos mutuamente al tratarnos y que yo de ti he aprendido cosas que necesitaba. Aprovechemos este tiempo que la vida nos ha propuesto compartir.
Un abrazo.