¿Podemos mejorar nuestra capacitación en las relaciones interpersonales?
Debiéramos, porque no podemos escapar de ellas y determinan nuestras probabilidades de conseguir nuestros objetivos vitales con la pareja, la familia, en la sociedad y el trabajo, y porque de la satisfacción que nos supongan todos esos pequeños éxitos depende nuestro bienestar personal.
Desde luego, un primer paso es ofertar a aquellos de quien depende nuestro bienestar, escucha activa, con frecuencia y cada vez de mayor calidad.
Más sencillo e igualmente eficaz es ofertar frecuentemente reconocimiento, no coba ni elogio adulón sino reconocimiento, expresar las cosas y acciones que los demás realizan con corrección y acierto para que sientan que estás pendiente, que estás atento a su presencia y acciones, que te importan, que importan. Si se reconoce al otro, el halago va por demás.
Ofrecer una voluntaria sonrisa junto al convencional saludo y resaltar consciente y voluntariamente los aspectos positivos de la realidad y del futuro, es ofertar optimismo, y funciona. La realidad con asiduidad es gris oscura, y el futuro también, pero resaltar lo positivo que hay en ellos no nos convierte en memos sino en agradables compañeros de viaje.
Plantear cuestiones serias o conflictivas desde la aseveración, taxativamente o con absolutamente toda la razón suele resultar intimidatorio e irritante, no deja margen al debate, a la réplica, a la explicación, a disentir sin acritud. Plantear esas cuestiones desde la interrogación, las alternativas y considerando la opinión de todos suele dar algún margen al acuerdo y a la resolución.
Exigir desde el ejemplo es seguramente la mejor forma de exigir con fuerza pero sin violencia.
Aprender a sincronizar nuestra presencia, actitud, lenguaje y emoción con la de nuestro interlocutor conlleva tiempo, esfuerzo y dedicación. Aprender a seducirle e influenciarle, aún más. Tal vez no sea necesario para nuestros objetivos o tal vez sea imprescindible, en todo caso, podemos mejorar nuestra capacitación.
¿Queremos?, muy mal nos han de ir las cosas para esforzarnos en algo sin garantía.
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