En las epidemias suele ocurrir más o menos lo mismo.
Miedo, miedo, miedo y miedo.
Miedo azuzado por una la realidad peligrosa, por la desinformación general, por la tergiversación particular y por la incapacidad, cuando no torpeza, de los responsables.
El miedo se suele concretar en indignación general y conatos de histeria.
El tiempo, la supervivencia y la lenta imposición de la información veraz, van transformando los Apocalipsis en crisis sanitarias mal gestionadas.
La tecnología y la globalización no han evitado el peligro, ni la desinformación, ni la tergiversación, ni la incapacidad y la torpeza, ni la indignación, ni los conatos de histeria.
Menuda cura de humildad.
