¿Cómo se mensura la vida?
Se me ocurre que con reloj y almanaque para saber la cantidad, catalogando el legado y evaluando la actitud ética que la ha presidido para calcular el mérito y contando las emociones compartidas para saber si mereció la pena vivirla.
Si algo es la vida es emocionante, un viaje sin itinerario establecido ni final escrito, aunque sí inexorable. Una aventura en la que hemos de descubrir todas las emociones, en la que nos vemos arrastrados por la mayoría de ellas y en la que nos aferrarnos con fuerza a unas pocas, una aventura en la que las emociones compartidas nos alejan de la soledad.
Nos autodefinimos como seres racionales y no nos entendemos, si nos definiéramos como seres emocionales con cierta capacidad de raciocinio, seríamos nítidos.
El tiempo resulta que es relativo, las emociones son rotundamente absolutas. La razón explica algunas cosas, las emociones no precisan explicaciones. La parca no se lleva la huella emocional que has dejado en los tuyos, con eso no puede, y además esa huella no está sujeta a reparto ante notario.
Siempre puede faltarnos tiempo o pueden faltarnos cosas pero qué difícil es perder la capacidad de emocionarnos, por eso siempre podemos dar y dar mucho. Es la ventaja de ser esencialmente emoción.

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