¿Hablar, para qué?
Los pensamientos bailan en nuestra mente, suelto con nuestros recuerdos y nuestras ilusiones y agarrao con nuestra imaginación, es al verbalizarlos, al nombrar los conceptos, al colocarlos en un soporte físico de fonemas y letras cuando quedan presentados más nítidamente, cuando nos parece poseerlos con algo más de certeza, y también cuando los evaluamos como pamplinas o relevantes.
Verbalizar los pensamientos los define y los concreta, nos puede ayudar a pensar con mayor lógica y serenidad.
¿Las palabras se las lleva el viento?
Las palabras se las lleva el viento, su intención queda.
Palabras de ánimo, de consuelo, de insulto, de aliento, de elogio, de apoyo, de reproche, de explicación, de perdón, denigrantes, persuasivas... el exactamente qué se dijo, se lo llevó el viento.
¿Da igual lo que digas?
Quizás, pero no el cómo lo digas.
Una voz aterciopelada y cadenciosa es excepcional, un vocabulario amplio y un estilo narrativo seductor hay que trabajárselo, las palabras adecuadas en el momento adecuado hay que pensarlas y saber encajarlas. La esencia de hablar persuasivamente está en la interpretación. Actores con voz de pito que memorizan un texto y a quienes les indican cuándo interpretarlo pueden ser persuasivos, convincentes y emocionantes.
Si queremos ser más persuasivos en nuestra comunicación, sería de gran ayuda tener nociones de interpretación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario