No hay manual de padres consensuado, ni hay educación extrafamiliar que no tenga resultados variables y contestación constante.
Los padres solemos tener la capacidad de ternura, la capacidad de exigencia y la capacidad de conversación, que son las bases para poder educar a nuestros hijos. Es un comienzo.
Aprender precisa interés, esfuerzo y recompensa.
Como los intereses de nuestros hijos difieren de los nuestros ( lo que consideramos interesante para su formación ), el esfuerzo lo rehúyen con diligencia y la recompensa de progresar y saber es diferida ( es decir, que para ellos no existe ), pues la cosa resulta ardua.
Conceptos innegociables en la educación como que hay cosas que se pueden hacer y cosas que se deben hacer ( por ser justas, buenas, bellas, eficaces y convenientes, honorables ... ) no ayudan a facilitar las cosas.
Conversar, aunar intereses, estar y ser justos es una agotadora tarea, sencilla desde el amor, que no garantiza el resultado deseado pero lo propone.
