jueves, 29 de agosto de 2013

Motivaciones

¿Por qué empezar, por qué continuar y por qué culminar?

Las motivaciones universales las conocemos todos y sabemos que cubrirlas nos proporcionan vida y sosiego ( nutrición, aseo, sexo, cobijo, salud, descanso, protección personal/familiar, modo de ganarse la vida, propiedad, moralidad... ). Cubrirlas es un éxito y mantenerlas una responsabilidad, pero en cuanto quedan afianzadas surgen nuevas prioridades, hasta entonces relegadas.

La sensación de pertenencia a una pareja ( fidelidad, intimidad sexual ), a una familia ( tradiciones ), a una comunidad ( amistades y tradiciones ) y a un trabajo ( equipo ), se convierten en unas necesidades intensas.

Otra necesidad que cobra protagonismo es la de ser reconocido y apreciado, la del éxito. Precisamos orientación y enseñanza primero, estímulo, ánimo, apoyo, escucha, evaluación, atención y optimismo después, y finalmente, elogio, premio, confianza y autonomía. Que se nos tenga en cuenta y triunfar.

A quienes se sienten bien considerados o con éxito, de nuevo les surgen prioridades distintas, silentes hasta entonces. La necesidad de conocerse en profundidad, de crear, de perfeccionar sus capacidades, de transcender...

Las motivaciones no están en una escalera sino en una maraña piramidal de momentos, situaciones, personas y descubrimientos que en ocasiones nos distraen de buscar la respuesta a una pregunta esencial en nuestras vidas.

Por qué hacemos lo que estamos haciendo.



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