domingo, 18 de enero de 2015
Polemizar
Cuando discutimos sin el más mínimo interés por escuchar, aprender o buscar soluciones, lo que pretendemos es oírnos y que nos oigan, no perder, que nos den la razón sí o sí, etcétera, pues acabamos con menos respeto y con más desinformación y problemas que al principio de la discusión.
Polemizar se puede hacer de manera exasperante, interrumpiendo, gritando, despreciando, no contestando, cambiando de tema...en fin, chabacanería; o de manera irritante, obviando la argumentación previa, negándola sin más, apelando a sentimentalismos, justificando incongruencias o barbaridades, adulando, construyendo realidades y futuros en el aire...en fin, demagogia.
Si puedes no polemizar, ideal, si resulta inevitable, trata de acabar rápidamente la discusión sin insultos ni enfados, si ya es tarde, calla y sal, cualquier otra opción será peor.
viernes, 16 de enero de 2015
Manipulación
Dirán que es información, publicidad, persuasión o argumentación convincente. En realidad son técnicas para que cambies tu actitud, pensamiento o comportamiento con respecto a alguna situación.
Pretenden ese cambio y desconoces sus intenciones o las reconoces taimadas, y eso define la manipulación.
Te tratarán, como masa, jamás como individuo, pues los individuos a veces son analíticos y pueden tratar de responder preguntas o cuestionarse según qué argumentos e ideas.
La masa es impresionable, emocionable y nunca va al detalle, al dato, es fácilmente manipulable si se sugestiona su imaginación y se la cubre de ideas simples, estructuradas y repetitivas.
A la masa se la habla llanamente, parsimoniosamente, con ideas sencillas, de estructura mínima y cíclica, siempre empáticamente contraponiendo un nosotros a un ellos y dibujando un proyecto idílico y posible.
A la masa se le cuentan metáforas visuales, auditivas y kinésicas, refranes, rimas y chascarrillos, se la riega con elogios y nociones de bondad, excelencia y halagüeños futuros.
La masa es tu cerebro automático, el que valora las cosas que no alarman/interesan con el mínimo esfuerzo asumiendo mayor margen de error en las decisiones. Es inconsciente, automático, inevitable y predecible:
Se guía por imitación, frecuentación, sencillez y prejuicios.
Ante la duda, lo que haga el resto.
Si se dice tanto, será verdad.
Va, no te líes.
Siempre ha sido así.
Este, como todos los de su clase.
Un cerebro automático que es vago, vanidoso y optimista, encantado de oír que los problemas los han de resolver otros, los malos, que nosotros somos los buenos y que el futuro será estupendo sin los malos.
Un cerebro que no quiere escuchar que somos responsables, que habrá que trabajar duro para solucionar las cosas, que los otros son parte de la solución, no un problema, que no quiere saber nada de preguntas incómodas, cuestiones espinosas y realidades adversas que sugieran que no somos estupendos, víctimas que precisan resarcimiento y superiores a los demás.
Recordar esta secuencia de cifras es difícil ( 1,4,9,1,6,2,5,3,6,4,9,6,4,8,1,1,0,0,), recordar esta secuencia de estructura simple no lo es ( 1x1,2x2,3x3,4x4,5x5,6x6,7x7,8x8,9x9,10x10 ), y sin embargo son la misma.
Cuántas personas podrían acabar la frase pito, pito... y cuántas personas podrían definir qué es un fractal, y cuántas de las que no pudieran tendrían el más mínimo interés en conseguirlo.
Conocer la música del manipulador es importante por si quieres decidir con tu cerebro analítico en vez de con el automático, por aquello de acertar o al menos ser plenamente responsable.
El manipulador no dialoga ni argumenta, cuenta cuentos de malos y buenos, con héroes y finales felices, obvia tus objeciones, repite cadencioso su letanía contra el enemigo único, halaga al grupo y sonríe mientras concluye que es puro altruismo, como tú.
jueves, 15 de enero de 2015
Discutir
Discutir sugiere pelear, implica oposición y en realidad es alegar argumentos contrarios al parecer del otro.
Hacerlo con respeto y sin que las emociones nos arrastren a la agresión/desprecio es esencial para poder considerarnos adultos.
Discutimos constantemente y nuestras emociones nos hacen no escuchar, no argumentar y enfadarnos con demasiada facilidad. Las consecuencias de no escuchar, de no argumentar y de enfadarnos, ni las menciono.
Solemos confrontar prejuicios, estados de ánimo y rumores como si fuesen argumentos sólidos, corroborados e irrefutables, y claro, con enorme frecuencia andamos en diálogos de sordos, buscando aprobación o confirmación de ideas asumidas o preconcebidas, o buscando tener razón sin importar el cómo. Las consecuencias de todo esto son tristes y conocidas.
Discutir sobre hechos evidente o consensuadamente ciertos, en un estado anímico cordial y con una actitud de aprender o resolver, es estupendo, por lo que aporta y, sobre todo, por lo que evita. Esto no es fácil pero es perfectamente posible y tremendamente útil, así que aún sin ser fácil, resulta muy recomendable.
Consensuar certezas es aburrido con las obviedades y divertido con las conjeturas: posibilidades, probabilidades, previsibilidades, indicios, motivaciones, beneficios y perjuicios... en fin, consensuar la verosimilitud de un asunto a partir de los datos disponibles.
Lo dijo la Trini, se lo han dicho a Luis, lo han dicho por la radio, en el periódico lo pone, yo estaba allí, eso lo he visto yo, me ha ocurrido a mí...
Conociéndole no se puede esperar otra cosa, es la única que sale ganando, no tiene sentido lo contrario, así ha pasado en ocasiones anteriores...
Los consensos de certezas posibilitan aprender y construir, mientras que las marañas de tópicos, rumores y prejuicios, no.
Discutir es inevitable y siempre tiene un propósito ( desahogarse, agredir, aprender, resolver, entretener...). Tener claro ese propósito es esencial para que además de inevitable sea saludable.
Si reconocemos el propósito de la discusión podemos adecuar nuestras emociones para que no la malogren. Conocer el propósito de una discusión se sabe por intuición o preguntándolo.
Las agresiones y desahogos conllevan mucha emoción y conviene desactivarlas con paciencia o monosílabos, según el día, olvidarse de razones y tratar de relativizarlas, si se puede.
Entretenerse discutiendo sin otra finalidad es para gente con mucha afición, lo que no siempre lleva asociada maestría.
Discutir para tratar de resolver un conflicto o aprender de una situación requiere de unas técnicas básicas elementales para llevar a buen término tan loables propósitos:
* Escuchar con respeto a los tiempos y las ideas del otro, tratando de entender sus argumentos y sus sentimientos.
* Mantener las emociones al margen de los razonamientos.
* Mantener una actitud cordial y de confianza.
* Ser flexible y creativo en la búsqueda de alternativas.
* Aspirar a una resolución/conclusión justa.
Ya he dicho que no es fácil.
Si tenemos la actitud correcta y el razocinio cabal, entonces empieza un juego apasionante y práctico a su vez: la argumentación.
--- Vamos a definir los hechos, cargándolos al tiempo de valor positivo/negativo/aceptable/inaceptable/beneficioso/perjudicial/útil/inútil...
La carga valorativa crea el contexto, crea la realidad.
Hecho consensuado: infidelidad
Definición/nominación/valoración:
A- Un error, una equivocación, una salida a una situación cerrada, una oportunidad para replantear la relación, un despecho infantil, una torpeza...
B- Una deslealtad, una traición, una humillación, un querer hacer daño, un quebrantamiento de lo esencial, una burla, desenraizar la confianza...
La definición que se consensúe ha ganado antes casi de empezar así que conviene aferrarse a una definición estricta o a una redefinición amplia y flexible, según tu posición.
--- Vamos a justificar razonadamente, con criterios argumentales que lleven a todos a mi misma conclusión.
--- Vamos a tratar de explicar una posición ética superior o al menos su bondad.
--- Vamos a ganarnos la empatía general.
-Para hablar con elocuencia, estilo y belleza embaucadora se precisa oratoria, retórica, cultura, don de gentes, capacidad de síntesis, conocimientos y un plan. En general se suele apelar a la demagogia para suplir estas carencias
-Para defender una posición moral se precisa honestidad. En general se suele mentir con cara de póker o sonrisa franca, por motivos obvios.
-Para empatizar se necesita convicción. En general la gente grita como sucedáneo de seguridad y certeza.
A discutir se aprende discutiendo así que... a bailar.
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