La vida es incertidumbre, es decir, peligro, oportunidad y esperanza. Tiene pocas verdades y siempre con velos. Nos vamos a morir, pero con fecha por determinar, nuestros seres queridos nos aman, pero eso podría cambiar, van a acontecer avatares, pero no sabemos de qué color...
Lo contrario de la verdad es la incertidumbre y con frecuencia su interpretación.
La mentira no es lo contrario de la verdad, sino la decepción de una confianza pedida o regalada. Esa palabra, obra u omisión que quiebra una relación de confianza y que duele.
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A corto plazo las mentiras pueden resultar ventajosas para quien las maneja, pero a medio/largo plazo deterioran las relaciones interpersonales con consecuencias nefastas.
Saber si una relación ha de recomponerse o terminar tras una mentira es sencillo porque hay algo visceral de difícil explicación pero inequívoca nitidez que contesta de inmediato.
Son las relaciones dañadas pero con mil condicionantes que aconsejan su mantenimiento las que nos exigen una correcta gestión de la mentira.
La mentira no rompe ni roba tu confianza ( se la puedes volver a dar si quieres ), rompe la relación de confianza.
La astucia aconseja sonreír al mentiroso, tenerle cerca, verle como un aliado, como una inversión, aprovecharnos de que conocemos su esencia, utilizarle liberados del compromiso de la confianza.
Esto se puede aprender ( oportunidades para hacerlo habrá infinitas ) pero conlleva un coste: establecer relaciones, no fluidas sino trabajadas, que rentan pero son agotadoras.
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