Por mi profesión de médico, he contemplado en numerosas ocasiones ese proceso biológico por el que un cuerpo pierde sus constantes vitales y resulta evidente que la persona ya no está en él, quedando el cadáver como regalo póstumo para que sus seres queridos puedan ritualizar, en él, el dolor de su pérdida.
Por mi edad, ya he sufrido la pérdida de seres que sencillamente no quería perder, siento el frío de su ausencia y su recuerdo me reconforta y me entristece al tiempo.
Cómo y cuándo se pierde a un ser querido condiciona cómo se va a continuar sin él.
Todos comparten el hecho de haber sido un regalo, una ayuda y un ejemplo.

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