De los más de seis mil quinientos millones de potenciales
pacientes que hay en la actualidad, una minoría significativa está
tecnologizada, es decir, alfabetizada y con acceso a internet gracias a las
herramientas tecnológicas, obsoletas cada pocos meses, que manejan.
Estos pacientes tienen acceso a su historial médico (
diagnósticos, tratamiento actual, citas pendientes, parámetros
automonitorizados… ), disponen de ingente información médica a través de
internet ( blogs, foros, webs… ) y a través de sus médicos, se responsabilizan
de sus procesos de salud/enfermedad, y participan en la toma de las decisiones
médicas que les atañen.
A los datos hemos de pedirles certeza y solidez, a la información, lógica en la integración de datos y al conocimiento, eficacia a la hora de la aplicación de la información.
Internet aporta datos e información ( no siempre ciertos ), seguramente, en pocos minutos, más de la que nadie podría procesar en una vida, pero ningún conocimiento, pues este depende de la experiencia en el mundo no virtual.
La auto-telemonitorización es sin duda fiable.
En la relación médico/paciente tecnologizado, el paciente aporta información y confianza, y el médico conocimiento y apoyo. El cóctel promete pero tiene un riesgo evidente: que el paciente juegue a los médicos y que el médico juegue a los oficinistas, es decir, que crean que la información es conocimiento.
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